ISAíN MANDUJANO
TILA, Chis., 31 de agosto (apro).- Más de 200 indígenas choles y tzeltales de diversas comunidades de la zona norte de Chiapas pidieron, en una ceremonia religiosa, "justicia divina y terrenal" para los 122 muertos y desaparecidos a manos del grupo paramilitar Paz y Justicia en la región, entre 1995 y 1999.
Por tercer año consecutivo, indígenas del Movimiento de Resistencia Civil y adherentes a "La Otra Campaña del EZLN" se congregaron para rezar desde las primeras horas del domingo en la ermita de Masoja Schucjá, pequeña comunidad enclavada en las montañas del norte de Chiapas, a unos 400 kilómetros de la capital del estado.
Los indígenas choles llevaron coronas, flores y velas, así como las fotografías de los 4 muertos y 4 desaparecidos de Masojá Shucjá. Los hombres líderes de la comunidad encabezaron esta ceremonia religiosa a la que asistieron representantes de otras comunidades de los municipios de Tila, Salto de Agua, Tumbalá y Sabanilla, donde el grupo Paz y Justicia operó activamente al amparo de los cuerpos policíacos estatales y fuerzas militares, según denunciaron los miembros de esta localidad.
El evento empezó antes de que saliera, el sol, cuando los cohetes despertaron a los pobladores y desde la casa de unos de los líderes del movimiento salieron rumbo a la iglesia, donde, con cantos y oraciones, montaron el altar en memoria de los muertos y desaparecidos.
"Esperamos que algún día nos digan los de Paz y Justicia dónde dejaron sus cadáveres. Sabemos que están muertos porque caer en manos de Paz y Justicia en tiempos de la guerra era la muerte segura", dice Sebastián Pérez Torres, un viejo indígena chol que penas puede hablar "el castilla", como le llama al español.
Los indígenas oraron y clamaron justicia "divina y terrenal" por los muertos, no solo de Masojá Shucjá, sino por los 122 muertos y desaparecidos que dejó Paz y Justicia en toda la región norte de Chiapas.
Entre 1995 y 1999, Paz y Justicia, un grupo ligado al PRI, persiguió a todos los miembros de las bases de apoyo del EZLN, que se hacían llamar "sociedad civil organizada" o bien militaban en la organización Abuxú, a la vez que lo hacían también en el PRD.
Los indígenas no olvidan aquella etapa de violencia, donde "salir a la milpa era una muerte segura". Emilio Pérez Martínez recuerda que al menos tres años no fueron a sembrar sus tierras; si querían sobrevivir tenían que sembrar maíz en pequeños espacios cerca de la casa, porque las emboscadas eran rutinarias.
"Mi papá, Mateo Hernández López, de 76 años, fue emboscado cuando venía de su milpa: 12 balazos le dieron. A su edad no era un peligro para nadie, pero así eran los de Paz y Justicia. Nos perseguían por militar en movimientos de resistencia civil", dice Pascual Hernández López.
Paz y Justicia operó en toda la región norte, pero sus máximos líderes tenían su base de operaciones en las comunidades de El Limar y Miguel Alemán, ambas en el municipio de Tila.
La liberación de 20 indígenas acusados de la matanza de Acteal mantiene preocupadas a las comunidades de esta región. Temen que cuatro de los líderes de Paz y Justicia que permanecen presos queden también en libertad.
Manuel Martínez dice que aunque no hay violencia en la región no se puede respirar tranquilidad, pues la persiste la posibilidad de que salgan de la prisión los líderes más radicales de Paz y Justicia.
Savelino Torres Martínez, Diego Vázquez Pérez, Carlos Torres López, Eugenio Torres Martínez y Juan Méndez Arcos, están presos en el penal de El Amate, desde 2001 y 2002, acusados de varias muertes perpetradas cuando comandaron Paz y Justicia en la zona norte de Chiapas.
En Masojá Shucjá, los indígenas dicen que la verdadera paz llegará a la comunidad cuando haya justicia completa y no a medias, porque si bien están presos los líderes, muchos de los autores materiales de los 122 muertos y desaparecidos siguen libres.
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