Con voluntad ya estaríamos libres”

Con voluntad ya estaríamos libres"

Alberta Alcántara y Teresa González aseguraron que no guardan rencor ni odian a quienes las acusaron del secuestro de seis agentes federales
   

  REGALO. Las otomíes abrazan a Jazmín, hija de Teresa, quien logró concebir en prisión (Foto: JUAN JOSÉ ARREOLA )


Juan José Arreola, Corresponsal
El Universal
Jueves 25 de marzo de 2010



QUERÉTARO, Qro.— "¿Quién reparará los daños por estar injustamente en prisión? ¿Quién pagará el dine- ro gastado durante el proceso?", preguntaron Alberta Alcántara y Teresa González a un grupo de políticos interesados en el juicio, a tres años y siete meses de haber recibido condena. No hallaron respuestas.

El gobernador José Calzada Rovirosa y el senador Manlio Fabio Beltrones (PRI) guardaron silencio el pasado domingo, afirmaron las indígenas otomíes en entrevista con EL UNIVERSAL. Afirmaron que "si en verdad existiera voluntad del presidente Felipe Calderón, ya habría hecho algo para que fueran liberadas".

Recordaron que al cumplir un año en prisión —fueron detenidas en agosto de 2006— pidieron su intervención, pues argumentaron que eran inocentes. Recibieron dos cartas firmadas por Calderón en las que se comprometió a revisar las acusaciones y conocer las pruebas.

"Fue en 2007 cuando contestó; nos mandó la respuesta en los últimos días de octubre, en la que dice que no nos preocupemos. Luego llegó una segunda carta diciendo que nos ayudaría, pero nada. Hace tres años estamos esperando a ver qué nos dice", comenta Teresa González.

Pese a la insistencia para culparlas del secuestro de seis agentes federales y de recibir una condena de 21 años de prisión, aseguraron que no guardan rencor ni odian a quienes les han causado tanto daño. Tampoco le desean mal a nadie; es más, afirmaron que a todos, desde ahora, ya los perdonaron y lo único que quieren es su libertad.

—¿Les nace perdonar a quienes les hicieron daño?

—Ya están perdonados. Nosotras no le guardamos rencor a quienes nos hicieron daño. Dios sabe por qué hace las cosas y tarde o temprano van a pagar, así que no tenemos porque guardar rencores. Es el destino…, por algo pasan las cosas.

Un milagro en la cárcel

Devotas de la virgen de Guadalupe, Teresa, de 25 años y Alberta, de 31, participaron por seis años consecutivos en la peregrinación de Querétaro al Tepeyac, por lo que ahora, una vez que obtengan su libertad, lo primero que harán es ir a darle gracias.

"Lo primero que voy a ir hacer, es darle gracias a la virgen hasta la Villa; irme con mi esposo, con mi hija…", asegura Teresa, quien narra lo que califica de milagro.

"En una ocasión, aquí, estaba en la desesperación de que ya me quería ir, que estaba detenida. Le pedí a la virgen que me concediera el milagro de ser madre, porque yo no podía; pese a estar pasando por todo esto, se me concedió y quiero irle a dar gracias que me concedió el milagro de ser madre y de tener esta niña".

A su hija Jazmín la concibió en prisión, después de ocho años de no poder embarazarse y en momentos en que pensó en quitarse la vida. Teresa es del pueblo indígena ejido de San Francisco Xasni, en el estado de México, el que dejó hace nueve años para casarse con Gabriel Alcántara Juan, hermano de Alberta, y de irse a vivir a Santiago Mezquititlán.

Se ríen cuando recuerdan que en prisión, sus compañeras de encierro les preguntaba una y otra vez, cómo le hicieron ellas dos, junto con Jacinta —liberada en septiembre de 2009—, para someter a la media docena de agentes federales (afis).

"Dijeron que yo —relata Alberta— tenía (la droga) en el puesto…, pero yo ni puesto tenía en el tianguis", ya que trabajaba como obrera en la maquiladora Caltex, que se ubica en el municipio de Amealco. Teresa remata al explicar que ella tampoco tenía puesto en el tianguis de Santiago Mezquititlán, pues era de su esposo.

"Cuando nos agarraron y empezaron a decir que nos íbamos a quedar 50 años en la cárcel, dije que era mío el puesto, pues es lo mismo que sea mío o de mi esposo. Pero me dicen que ese fue mi error, aceptar ante el Ministerio Público que era mío el puesto".

La sonrisa aparece cuando recuerdan los que les causó gracia. "Nos dio risa, porque hablan de muchas cosas que no han pasado; que ella (Alberta) me mandaba a mí y yo mandaba a Jacinta y que Jacinta le volteó unas cachetadas (a los policías)… y cuando se presentaron en los careos, ninguno de ellos estuvo presente en el operativo. A ninguno lo reconocí; al menos no fue a los careos el que estuvo en mi puesto".

Teresa afirmó que cuando les dijeron que ellos eran los cinco agentes, "los vimos y le dije a mi cuñada y cómo le hicimos para que se agacharan para poder golpearlos, porque para verlos teníamos que mirar para arriba".

Con los pies en la tierra, como ellas dicen, quieren primero esperar que el procedimiento legal se resuelva para después hacer planes; "hasta que estemos en la casa, entonces vamos a ver qué sigue", dijo Teresa.

Las otomíes ya piensan en lo que harán con la deuda que enfrentan, debido a que la familia pidió dinero prestado, vendió animales y aún están dispuestos a vender la casa con tal de que salgan de prisión.

Por eso, cuando se les preguntó que quién reparará el daño que les causaron, responden que es un asunto del que nada saben.

"Es lo que a veces nos preguntamos; cómo ellos no se ponen a pensar en el daño que hicieron, no se pusieron a pensar en nuestra familia. Yo sé que es un tiempo que nadie nos lo va a recuperar, que nadie nos lo va a pagar, pero yo sé que si Dios y la virgen de Guadalupe y las autoridades nos dan nuestra libertad, veremos la manera de recuperar todo ese tiempo perdido, del alejamiento de nuestra familia que, más que nada, es lo que queremos, estar con nuestra familia, y que se nos olvide toda esta pesadilla que estamos viviendo".

De acuerdo con las cuentas que han hecho, han gastado 200 mil pesos, así que el plan es llegar a trabajar para recuperarse y se les insiste en la posibilidad de demandar la reparación del daño.

"Pues sí sería justo, porque toda la familia está endeudada. Pero si a Jacinta que ya se fue no le han dado un peso ni un disculpe usted. Nosotras no queremos que se disculpen ni nada. Lo que quiero en este momento es nuestra libertad", dice Teresa.

Su cuñada, Alberta, complementa: "Primero mi libertad y ya después que nuestros abogados vean eso; si por defendern, mire dónde estamos, no sé qué pasaría si pedimos la reparación".

 

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