¿De quién son las órdenes? Abraham Nuncio

La Jornada

l Ejército sigue las órdenes del Presidente, dijo Rafael Rangel
Sostmann, rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de
Monterrey (el Tec) en el curso de una entrevista con Carmen Aristegui
durante su conocido programa radiofónico.

En esa entrevista, el rector Rangel Sostmann reconocía haber cometido
el error de confiar en la versión del procurador de justicia de Nuevo
León en el sentido de que durante una refriega con balas de grueso
calibre y granadas entre criminales y militares, las bajas registradas
no eran de estudiantes del Tec. Tal versión, de acuerdo con esto, le
fue proporcionada al procurador por el Ejército. Al fuego cruzado
siguieron las declaraciones cruzadas, pues el gobernador Rodrigo
Medina de la Cruz afirmaba que la especie no había provenido del
Ejército sino de la PGR. Hasta ese día no cesaron sus declaraciones
precisando que los tres niveles de gobierno estaban debidamente
coordinados en la lucha contra el crimen organizado.

Habla bien del rector Rangel Sostmann reconocer ese error agravado por
el hecho de que buena parte de la comunidad del Tec conocía, en el
momento mismo en que ocurrían los hechos sangrientos, el testimonio
que transmitía uno de sus compañeros, Mauricio Santos, estudiante de
Comunicación, a través del sistema Twitter. Entrevistado por El Norte
(22/03/10) dijo: "Yo estaba junto a un policía del Tec… Él traía
su radio, su frecuencia, entonces, se escuchó cuando el policía de la
puerta de Luis Elizondo –la 19– estaba gritando: 'No se dejan de
tirar; los soldados (sic) no dejan de tirar', y luego gritó: 'Le
acaban de dar a otro alumno.'". A las 2:10 horas escribía desde su
refugio: "¡Soldados adentro del Tec!!!". "Una hora después, a
las 3:31, el twittero del Tec completó su reporte… 'Militares
retiran radios a policías del Tec en momento del caos, justo cuando se
informaba que habían herido a alumno (yo lo escuché).'"

En el Tec no existe lo que pudiera considerarse una dirección
estudiantil. Lo relativo a este renglón es manejado por una
coordinación de asuntos estudiantiles siguiendo el modelo sindical de
las empresas regiomontanas donde los dirigentes de los trabajadores
son empleados a quienes designan los patrones para la gestión de los
intereses de aquellos. ¿A los oídos de esa coordinación no llegó lo
que era un secreto a voces entre los estudiantes? Y si llegó, como es
de suponer, desde las primeras horas del día de la metralla, ¿no
tendrían que haber avisado sus responsables al rector del campus
Monterrey del ITESM, Alberto Bustani? De hecho, este funcionario
afirmó que la primera información que recibió del personal de
seguridad fue que las dos personas que resultaron heridas en el
enfrentamiento no eran sicarios, sino estudiantes de esa institución.
Pero tanto él como el rector general del Tec se quedaron con la parte
tranquilizadora de la duda.

De lo que se trata, por lo que el panorama permite inferir, es no sólo
de relevar a los militares de cualquier responsabilidad, sino de
fortalecer su posición y con ello la del personaje que les da
órdenes: Felipe Calderón. El vicerrector Bustani declaró que, al
cabo, el guardia que reportó lo escuchado por Mauricio Santos no
estaba seguro de que hubieran sido estudiantes los caídos. Organismos
empresariales, el cardenal Francisco Robles Ortega, el alcalde de
Monterrey, Fernando Larrazábal, y la dirección del PAN en el estado
han asumido lo dicho por Ervey Cuéllar, presidente de Vertebra:
"Deben seguir con todos sus operativos porque hoy por hoy es el
único resultado positivo que tenemos (sic)." Horas después de la
muerte de los dos estudiantes y, en otro rumbo de la ciudad, de una
mujer a quien las balas militares también confundieron con una
sicaria, unos 100 empresarios miembros del IPADE escucharon la
conferencia dictada por el general Guillermo Moreno Serrano. Lo
aplaudieron de pie y por más de un minuto. Recordé,
involuntariamente, el filme de Michael Moore, Bowling for Columbine.
En su entrevista con Carmen Aristegui, el rector Rangel Sostmann se
mantuvo en esa línea: no nos queda sino el Ejército.

El tufo dictatorial y golpista que se respira en los espacios de los
empresarios regiomontanos parece atravesar episodios como el que vivió
el Tecnológico de Monterrey. Apenas unas semanas atrás, Dionisio
Garza Medina, anterior presidente de Alfa, afirmó sin estremecerse:
Luego a Pinochet lo critican. Sí, está bien, quién sabe a cuántos
mató. Está muy mal, perfecto. Pero Pinochet dejó el carro afinado,
de primer mundo.

Sin descartarla, Rangel Sostmann se ha mostrado remiso a realizar una
protesta con cara de marcha. Él ya era rector cuando los estudiantes
del Tec (la coordinación de asuntos estudiantiles) organizaron la
Caravana de la Honestidad que remató frente a palacio de gobierno,
donde les esperaba el discurso de Francisco Barrio Terrazas, entonces
secretario de Contraloría y Desarrollo Administrativo durante el
gobierno de Vicente Fox. Fue un acarreo apenas disimulado. ¿Es válido
marchar cuando se trata de una reverencia política, pero no tanto
cuando se trata de exigir que se informe con veracidad?
Es cierto, el rector del Tec se ha pronunciado por ello y porque se
reglamente la actuación del Ejército en las ciudades. Ha hablado de
acciones a fondo. Creo que se pueden sugerir algunas. En primer lugar,
que se aclare el asesinato –imprudencial o no– de las numerosas
víctimas inocentes de una guerra que cada vez se torna más sucia e
impune. A pocas horas de que cayeran los estudiantes del Tec, por
ejemplo, fueron muertos en una refriega entre grupos criminales dos
niños en Villa Cuauhtémoc, Veracruz. Acaso con una mayor prioridad,
que se respete la Constitución, la cual no establece que el Ejército
asuma funciones de policía. Y, en seguida, que las fuerzas armadas no
dependan del mismo funcionario que hace las veces de jefe de Estado,
de gobierno, del ministerio público, de la judicatura, del tesoro, de
las entidades autónomas, de Pemex, de la CFE y del IFE; es decir, el
Presidente de la República que sigue teniendo las facultades
constitucionales y metaconstitucionales de siempre.
El presidencialismo mexicano está en plena crisis, de lo cual pocos se
hacen cargo. Es hora de cambiarlo por un régimen más responsable
donde el poder representativo tenga un mayor peso.

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