El vendedor de chatarra que provocó accidentalmente la guerra del Atlántico Sur


5 abr 2010 16:49 GM
BBC
Constantino Davidoff

Mientras Gran Bretaña ha estado involucrada en varios conflictos desde la guerra de las Malvinas o Falklands, librada hace 28 años, ésta continúa siendo la única guerra para Argentina en varias decenas de años. Un vendedor de chatarra argentino le explicó a la BBC por qué el conflicto armado pudo evitarse.

Constantino Davidoff jugó un papel pequeño, pero significativo, en una pequeña pero significativa guerra.

A fines de marzo de 1982, un grupo de comerciantes de chatarra argentinos atracó en la distante e inhóspita isla de Georgia del Sur, también denominada San Pedro, a 900 kilómetros el este de las islas Falklands o Malvinas.

Davidoff era el propietario de una compañía contratada para desmantelar una estación ballenera en la isla de propiedad británica. Era un simple trato comercial, pero terminó provocando una guerra y arruinándole la vida.

Me reuní con Davidoff en su pequeño y pulcro departamento del barrio de clase obrera de Avellaneda, apenas al sur de Buenos Aires. Todavía comercia chatarra desde un garaje ubicado debajo de su casa. Se acerca a los setenta, viste un traje safari color crema y una gran cruz de oro le cuelga del cuello.

Las paredes de su hogar están cubiertas de mapas del Atlántico Sur y cartas de agradecimiento enmarcadas provenientes de grupos de veteranos argentinos con los que ha hablado para contarles su experiencia.

"Lo perdí todo, mi casa, mis aviones, mis barcos, mi compañía y, después de todo, mi familia. Simplemente, no fui capaz de defender mis intereses después de la guerra. Estaba demasiado enfermo", me dijo.

Invasión militar

Ha estado tratando de demandar al estado británico por US$200 millones de dólares, "pero los tribunales argentinos son demasiado lentos" - explica - y le dijeron, hace dos años, que tenía que presentar su reclamo ante cortes internacionales.

Me dijo que había hecho lo posible por evitar problemas con las autoridades británicas.

A fines de 1981, Davidoff visitó al embajador británico en Buenos Aires, habló con las autoridades de las islas Falklands o Malvinas y firmó un contrato por US$270.000 con los propietarios escoceses de la estación ballenera abandonada. Después, volvió a conversar con el embajador británico para cerciorarse de que ya no había nada más que él debiera hacer.

Su versión está certificada por el informe del Comité Franks, de 1983, llevado a cabo por las autoridades británicas para explicar los sucesos que condujeron al conflicto.

Sin embargo, alguna gente en Londres pensó que el grupo de trabajadores de la chatarra eran la vanguardia de una invasión de la isla de Georgia del Sur por parte del entonces gobierno militar argentino.

Se informó que el grupo habría izado la bandera argentina, al son de su himno nacional.

Los comandos británicos no tardaron en ser despachados desde las islas Falklands o Malvinas para llevar a cabo averiguaciones. Los treinta y nueve trabajadores de la chatarra fueron detenidos. Argentina mandó sus soldados a rescatarlos y, mientras estaban en eso, invadieron las Falklands o Malvinas.

Se declara la guerra

Margaret Thatcher, la primera ministra británica de la época, no vaciló en despachar fuerzas armadas al Atlántico Sur, y los dos países, previamente amigos, se enfrascaron en una guerra que dejó 900 muertos antes de que Argentina se rindiera el 14 de julio.

"No había militares entre mis trabajadores. Ni izaron la bandera ni cantaron ningún himno nacional. Era un acuerdo comercial. Habría tenido que estar loco para permitir que me lo arruinaran. Todo lo que hacía falta era una llamada de la embajada británica y habría retirado a mis trabajadores, habría cancelado mi contrato," dice Davidoff. "Se podría haber evitado una guerra"

Davidoff insiste en que Gran Bretaña empezó la guerra al enviar un contingente militar a enfrentar lo que era un asunto civil.

Asegura que, a pesar de su querella legal, no tiene ningún resentimiento hacia los británicos.

No obstante, como todo argentino que he conocido en los cuatro años que vivo aquí, y los veintitantos en que he venido de visita, cree firmemente que "las Malvinas son argentinas"

Una preocupación constante

Gran Bretaña está perforando en busca de petróleo en las aguas cercanas a las islas. Pero no es el petróleo ni los derechos de pesca lo que altera a la mayoría de los argentinos, sino algo así como un idealista sentido de justicia.

Argentina ha estado reclamando las Falklands o Malvinas desde 1833. Las islas aparecen descritas como territorio argentino en todo atlas escolar. Calles y confiterías llevan el nombre de las islas y hay monumentos a los caídos en todo el territorio. Para Argentina es una preocupación constante.

Para la mayoría en Gran Bretaña, la guerra de las Malvinas o Falklands es una nota histórica al pie de página. Y Londres no negociará su soberanía mientras los más o menos 2.000 isleños digan que prefieren permanecer siendo británicos.

"Gran Bretaña ganó la batalla militar, pero está perdiendo la guerra diplomática," explica Davidoff.

En febrero, las naciones latinoamericanas y caribeñas votaron, en forma unánime, por respaldar la queja argentina, al tiempo que Buenos aires volvía a insistir en su reclamo ante Naciones Unidas.

El comerciante de chatarra cree que alcanzará a ver la bandera albiceleste de Argentina flameando sobre las islas, tal vez en un acuerdo de poder compartido con Gran Bretaña

"Argentina tiene mucho que darle a las islas. La guerra no concluyó cuando fue izada la bandera británica", dice Constantino Davidoff, hojeando los documentos sobre la mesa. "Creo en la verdad y la justicia. Cuando se sepa la verdad, tendremos justicia."




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